Se cumplen 18 años sin Celia Cruz, ‘la reina de la salsa’

El 16 de julio de 2003, a los 77 años, falleció una de las cantantes más grandes del son cubano y de la música latina del siglo XX: Úrsula Hilaria Celia de la Caridad de la Santísima Trinidad Cruz Alfonso, más conocida como Celia Cruz.

Dar unos buenos pasos mientras sonaba de fondo ‘Que le den candela’, ‘Yo viviré’ o ‘La negra tiene tumbao’ se convirtió en uno de los momentos comúnes y felices de varias fiestas en los 90 y los primeros años del 2000.

Varias generaciones, antes del boom del reguetón, crecieron con su música como referencia. La gente la amaba. Era espectacular, extravagante y una mujer directa con un estilo único: sus vestidos de colores y lentejuelas, sus pelucas y su sonrisa fueron el complemento perfecto para su actitud arrolladora y llamativa. 

La apodaron ‘La reina de la salsa’ y ‘la guarachera de Cuba’. Comenzó su carrera como vocalista de la Sonora Matancera, pero en 1960 salió de la isla y se consolidó en México y Estados Unidos. 

En esa década se casó con el primer trompetista de la orquesta, Pedro Knight, y arrancó su carrera como solista junto al percusionista Tito Puente, también llamado el ‘rey de los timbales’. Por esos años, también participó en un concierto grabado en vivo en el ‘Yanquee Stadium’ de Nueva York con Fania All-Stars. 

Celia se convirtió en una estrella internacional y en su vida cantó con Willie Colón, Ray Barretto, Johnny Pacheco, David Byrne, Los Fabulosos Cadillacs, Jarabe de Palo, Lola Flores, Gloria Estefan, Dionne Warwick, Vicente Fernández, entre otros grandes artistas que la respetaban y admiraban.

 Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y la llegada de Fidel Castro, todo cambió en la isla, así como también para Celia. Los negocios, la radio y la televisión terminaron en manos del régimen del momento, y eso no fue del agrado de la cantante. “Yo estaba presentándome en el cabaret El Afro, en México. Regresé el 28 de enero y encontré que todo era distinto. No sólo empezó a morir el ambiente de farándula de antes, sino que ellos se convirtieron en el control total de los eventos que se realizaban. Mis amigos de la Sonora Matancera y yo entendimos que no teníamos futuro en Cuba – Expresó la artista durante una entrevista en los años 80.

Sus letras se convirtieron, entonces, en la forma para expresar, además de sus sentimientos, su ideología. “Tierra mía, tierra linda, te quiero con amor; Y si acaso no regreso me matará el dolor; Tanto tiempo sin verla, me duele el corazón”, se escucha en la canción ‘Por si acaso no regreso‘.

También, en la mítica ‘La vida es un carnaval’, dice: “Para aquellos que se quejan tanto, para aquellos que solo critican, para aquellos que usan las armas, para aquellos que nos contaminan, para aquellos que viven pecando, para aquellos que nos contagian”.

Hasta 1990, logró retornar a la isla como invitada para una presentación en la base de Guantánamo. Luego de ese evento, se llevó algunos gramos de tierra de Cuba y pidió que se la pusieran en su ataúd cuando muriera.

En 2002, durante una presentación en México, perdió el control del habla. Fue diagnosticada con cáncer cerebral a finales de ese año. El 13 de marzo de 2003 apareció por última vez en público en un homenaje en el teatro Jackie Gleason de Miami. Cuatro meses más tarde, falleció.

18 años después, su legado está más vigente que nunca. Hace unas semanas, fue publicado el libro ‘Celia en Cuba:1925-1962‘ de la filóloga Rosa Marquetti y su música ha cobrado más fuerza con las recientes manifestaciones en la isla. Es una leyenda que quedó inscrita en el ADN de varios países de América Latina.

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