Iota y Eta dejaron a Honduras en lo que significa su nombre

HONDURAS | La magnitud de los daños materiales causados con las tormentas tropicales Eta e Iota, que antes fueron poderosos huracanes, comienza a asomar en el norte de Honduras, una de las zonas más afectadas por ambos fenómenos, entre el dolor de los damnificados y un ambiente fétido por aguas putrefactas.

Ambas tormentas dejaron a Honduras en lo que significa su nombre, desgraciadamente marcado por un dolor reflejado en el rostro de cada damnificado y una descomunal destrucción a todo tipo de infraestructura y cultivos agrícolas, entre otros daños.

Algunas familias que han estado viviendo bajo techos de láminas, cartones o plásticos en medio de la autopista de 27 kilómetros que comunica a las ciudades de San Pedro Sula, la segunda más importante del país, y El Progreso, están regresando a sus comunidades, que dejaron inundadas los fenómenos naturales en dos semanas.

Lo mismo hacen en otros sectores, donde sigue bajando el nivel del agua, aunque continúa latente el peligro, porque remanentes de lluvias que dejó Iota en el occidente, están aumentando el caudal del río Ulúa, que desemboca en el Caribe después de cruzar por el extenso y fértil valle de Sula.

De los daños que dejaron Iota y Eta en todo el país, el valle de Sula es de los más afectados, porque quedó convertido en un gran espejo de agua, del que en varias zonas solamente se miraban las copas de los árboles o techos de casas u otras construcciones de dos o más pisos.

La autopista entre San Pedro Sula y El Progreso no se miraba, y a sus lados quedaron poblaciones enteras como Ciudad Planeta, Rivera Hernández y el municipio de La Lima, otrora sede de la central principal de la multinacional bananera estadounidense United Brands, de Estados Unidos, totalmente inundadas.

El Aeropuerto Internacional Ramón Villeda Morales, situado entre La Lima y San Pedro, sigue inundado, daño que sufrió durante las dos tormentas, sin que se sepa cuándo reanudará operaciones.

Las dos tormentas dejaron a muchos pobladores encaramados en el techo de sus casas o el de otras construcciones para no morir ahogados, y en los que permanecieron, algunos hasta cuatro días para ser rescatados. Muchos damnificados sufrieron dos inundaciones, no habían terminado de limpiar el lodo y basura que les dejó Eta, cuando Iota les estaba anegando de nuevo.

EFE

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