Final de la NBA 2020: Las cinco claves

DEPORTE – Los Lakers y el Heat nunca se han enfrentado en las Finales en la historia de la NBA, pero eso no quita que haya una historia previa que le añada picante a este cotejo. Luego de que Shaquille O’Neal ganara tres títulos con los Lakers a principios del siglo XXI y su relación con Kobe Bryant se rompiera del todo, ¿a dónde fue traspasado? Pues a Miami. Ahí ganó un campeonato, de la mano de un joven e imparable Dwyane Wade, en 2006. ¿Y quién fue el ejecutivo que orquestó el traspaso de Shaq al Heat y que luego se nombró a sí mismo entrenador en jefe para conquistar el anillo en ese año? Pat Riley, el mítico técnico de los Lakers de los 80. Con Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar y su Showtime, Riley ganó cuatro títulos y, sobre todo, se consagró como un ícono de la NBA: su pelo engominado, su estilo de dandi, su fuerte carácter.

El encanto de Pat Riley es legendario: cuenta la leyenda que en reuniones para seducir a agentes libres deja caer sobre la mesa todos sus anillos, como diciendo Ven y aprende lo que es ser un ganador conmigo. ¿Saben con quién funcionó ese truco? Con LeBron James: Riley lo convenció de dejar Cleveland en 2010 y de armar un súper equipo en Miami con Wade y Chris Bosh. Ganaron dos anillos y llegaron a cuatro finales, fueron de los mejores equipos de la historia. Pero en 2014, luego de una final perdida contra unos Spurs mágicos, LeBron decidió volver a Cleveland. Describiría esa época en Miami como la universidad, donde aprendió a jugar basket a un nivel verdaderamente profesional. Pero debía volver a casa y llevarles un título, y lo logró en 2016.

La decisión de LeBron de dejar el Heat enfureció a Pat Riley. Se rumora que le dijo a James que estaba tomando la peor decisión de su carrera deportiva, una de la que se arrepentiría. El ego de Riley no recibió bien el rechazo. Y LeBron no lo olvidó luego de ganar con Cleveland: habló de personas en el Heat que habían dudado de él y cómo le había dolido esa reacción. No lo nombró, pero no fue necesario: se refería a Riley. Y ahora LeBron está en los Lakers y se enfrenta a su exequipo y, sobre todo, a esa presión que Riley le puso con sus palabras de despedida. Si los Lakers ganan, LeBron podrá callar a Riley una vez más. Y si el Heat gana, será una victoria enorme para Riley y la cultura que ha instaurado en Miami, una forma de decirle a LeBron que, a pesar de su gran talento, es más grande el equipo del que eligió partir. Y si piensan que estos son temas menores y que seguro ni LeBron ni Riley serían tan inmaduros como para encontrar motivación de esta forma, entonces no han puesto atención a los últimos diez años de la NBA. Por eso LeBron va a salir a matar.

Duelo de gigantes

Los Lakers empeñaron buena parte de su futuro para conseguir a Anthony Davis antes de que iniciara esta temporada. El ala pívot de 27 años no ha decepcionado: ha promediado 28.8 puntos (57.1 % en tiros de campo), 9.3 rebotes, 3.6 asistencias, 1.2 robos y 1.2 tapas por partido en los Playoffs. Es demoledor, está jugando a un nivel visto pocas veces en la NBA: solo Kareem Abdul-Jabbar ha logrado llegar a esos números en la historia de la liga. Su anotación es copiosa, pero su potencia está en los demás apartados. Lo que hace a Davis tan valioso es que impacta el juego más allá de sus puntos: cómo defiende (parecía omnipresente en la serie contra Houston), cómo pasa, cómo rebotea. Sea como 4 junto a Dwight Howard o Javale McGee o como 5, rodeado de tiradores, Anthony Davis ha demostrado ser el mejor grande de toda la NBA. Y aunque el juego actual se inclina hacia el perímetro, dominar la pintura sigue siendo una condición sine qua non para ganar el título. Si los Lakers ganan, va a ser en buena parte por los aportes de ‘La Ceja’.

Desde Miami, Bam Adebayo será el encargado de disputarle el control de la pintura a Davis. El también exalumno de Kentucky, apenas en su tercera temporada, ha dado un salto cuantitativo en los Playoffs, incluso más alto que cuando se eleva para estallar el aro con una clavada. Se ganó la confianza de Spoelstra para ser el poste principal, y ha promediado 18.5 puntos (57.1 % en tiros de campo), 11.4 rebotes, 4.9 asistencias, 0.9 tapas y 1.2 robos por juego. La versatilidad de Anthony Davis para anotar en la pintura sin perder dinamismo desde el bote y el perímetro es la huella que sigue Adebayo. Te la vuelca encima en una posesión, luego te tapa en la otra, te hace un pase mágico en la siguiente, logra un robo crucial después y mete una bandeja luego de la penetración. Listo, te arregló el partido. Y todo eso sin hablar de la defensa: ya es uno de los mejores en este aspecto de toda la NBA, o pregúntenle a Jayson Tatum cómo le fue cuando se la intentó clavar en la cara. Es como una navaja suiza, si una de sus funciones fuera una AK-47. En la serie contra Boston, llena de estrellas jóvenes como Tatum y veteranas como Jimmy Butler, Bam fue el mejor jugador, porque logró dominar la pintura y proteger el aro. Pero, con todo respeto con Daniel Theis y Robert Williams, los grandes de Boston no pasan de decentes, por eso Bam pudo imponer su vigor.

El Espectador 

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